“MAÑANA VA A SER
TU DÍA”.
Veníamos de un año duro, muy duro.
Buena parte de la parroquia rojiblanca auguraba poco futuro al Zamora CF en el
Narcís Sala.
En parte, no les faltaba razón.
El comienzo de la temporada 2023/2024 había sido magnífico en cuanto a
resultados (18 puntos de 18 posibles en las seis primeras jornadas de Liga, y
portería a cero). Precisamente un día como hoy, 7 de octubre, pero de 2023, el
Zamora asaltaba O Couto venciendo 0-3 a un Ourense CF mermado desde la
expulsión de uno de sus jugadores que desembocaría en nuestro primer tanto. Fue
el mismo Ourense que ganaría la liga regular tras un pulso en las últimas jornadas
con el Pontevedra, rival la semana posterior al
festín gallego, esta vez en el Ruta, y con el que sucumbimos por un abultado
pero merecido 0-4. El camino, desde ese momento, se llenó de irregularidades y
problemas extradeportivos que pudieron lastrar el rendimiento del equipo, si
bien la lucha por estar en los puestos de ascenso quedó matemáticamente cerrada
varias jornadas antes de finalizar la liga regular. 63 puntos de 102 posibles,
mejor visitante del grupo junto al Pontevedra y tercer mejor local. Números que
hacían dudar y soñar a partes iguales.
Ourense, Pontevedra y Zamora,
junto a Guijuelo y Racing B, fuimos los representantes del Grupo 1 en aquel play
off de infarto con sabor especial. La suerte quiso emparejarnos con el Sant
Andreu, el cual había clasificado como cuarto en el Grupo 3. “Bien, al menos tenemos
la vuelta en casa”, se escuchaba comentar a los más entusiastas. “A ver si
somos capaces de mantener la eliminatoria viva”, aseguraban otros que no las
tenían tanto consigo.
Lo cierto es que aquella tarde en
el barrio barcelonés fue de todo menos tranquila. A la mala fortuna de la
prematura lesión de Juanan se unía, justo a continuación, una mala defensa del
balón parado que ponía en ventaja a los catalanes. Recuerdo estar viéndolo en el
bar Medieval de mi amigo Abel, maldiciendo cada ocasión que desperdiciábamos. Pero
todo no iba a ser negativo, ya que el equipo generaba y, además, se enfrentaba de tú a tú a un equipo que pese al 2-0 final no demostró una superioridad aplastante sobre
los nuestros.
Recuerdo perfectamente acudir el
lunes siguiente, como de costumbre, a “La Reseña” y “El Sanedrín” de la Cadena SER ZAMORA y observar
cómo ninguno de los allí presentes teníamos la sensación de derrota instaurada
en nuestro cuerpo. Es más, en aquellas tertulias ya se tenía muy claro que el
Zamora podía levantar esa eliminatoria en los 90 minutos reglamentarios. Jamás
vi tan enchufada a la gente durante una semana. En todos los recovecos de la ciudad
se respiraba ambiente de épica, de seguridad en cada uno de los jugadores que
pusiera en liza David Movilla; e incluso en el propio Movilla, amado por muchos
y denostado por otros tantos. El #ElegimosCreer calaba, y de qué manera.
Un día antes del encuentro que marcaría
las opciones de optar al último escalafón para pelear por la Primera RFEF,
durante una comida familiar por la graduación como maestra de mi prima Marta,
me encontré a Adrián Mancebo en un conocido restaurante de la ciudad. Parecía
intercambiar anécdotas con su pareja y un par de amigos mientras degustaba unos
platos típicos zamoranos junto a una cerveza. No nos conocíamos de nada, pero
me tomé la licencia de acercarme a él para transmitirle mi buena energía,
haciéndole saber la importancia vital de su rendimiento en aras a conseguir el
objetivo marcado. Sin más, le di las gracias por la temporada que había hecho y
jugué a ser adivino, augurándole un importante protagonismo en el encuentro,
algo que sin duda se hizo patente al día siguiente en el Ruta. Él me lo
agradeció con una sonrisa y una palmada en la espalda. Creo que, aunque fuera
en un mínimo grado, mis palabras contribuyeron a que el futbolista (que ante
todo es humano) lograse salir al césped con un extra de motivación, sintiéndose
por un momento parte fundamental para el devenir de la eliminatoria. Porque, aunque
suene a tópico, la psicología en el fútbol, como en la vida, juega un papel
crucial a la hora de afrontar un evento a vida o muerte.
Esta es una de las cosas que siempre
había echado de menos en Zamora como sociedad y en el Zamora CF como masa social.
El sentido de pertenencia es un arma muy poderosa para conseguir grandes hitos.
Si encima la utilizas en beneficio propio y de tus jugadores se puede hacer
imparable. A todo ello, por supuesto, hay que unirle una buena preparación por
parte de futbolistas y cuerpo técnico: no debe ser fácil estar envueltos de
manera indirecta en un caso con una transcendencia mediática muy importante en
el panorama nacional y no tirar la toalla en cualquier momento. Con sus altos y
sus bajos, siempre criticados de manera constructiva, el equipo se había
clasificado para un nuevo Play Off y estaba a tan solo tres pasos de volver a
pisar la categoría de bronce. Algo bueno tuvieron que hacer estos tipos para
volver a hacernos soñar.
Y llegó el día, el todo o nada.
El momento de demostrar, una vez más, que como reza el dicho popular: “Zamora no se ganó en una hora”.
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